28/09/2015

Misionera condenada pidió a la corte suprema que revise su causa

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verimg.aspxUna joven posadeña que está detenida hace 7 años por el crimen de una anciana en la capital provincial pidió al máximo tribunal que estudie su caso. Asegura que al momento del homicidio se encontraba a 8 kilómetros de donde fue cometido.

Se trata de Cristina Vázquez (33), a quien la Asociación Pensamiento Penal (APP), que agrupa a funcionarios judiciales, abogados y docentes de todo el país, aceptó acompañar en el expediente para detallar pormenorizadamente al máximo tribunal las irregularidades de la investigación.

“No hay ninguna prueba, no hay ni siquiera huellas de ella en el lugar del crimen. A la amiga que estaba con Cristina esa noche no le creen porque dicen que es ‘joven’, dijo a Télam Indiana Guereño, de la APP, que se presentó como “amicus curiae” (amigos del tribunal) en la causa.

El caso comenzó hace 14 años, el 27 de julio de 2001, cuando Ersélida Dávalos de Insaurralde (79), una jubilada del Poder Judicial de Misiones, fue asesinada a golpes en la cabeza, presuntamente con un martillo o algo similar, en su casa de Posadas.

La mucama la encontró al día siguiente en el lavadero y se determinó que de la vivienda habían robado dinero y joyas, pero no se hallaron testigos para ayudar a esclarecer el hecho.

No obstante, en 2002 fueron detenidos Vázquez, que vivía en la misma cuadra que la anciana; Omar Jara y su pareja, Cecilia Rojas, por entonces de 19 años la primera y de 20 los otros dos.

Pese a que les dictaron una falta de mérito y los liberaron, por apelación de la hija de la víctima, Daniela Insaurralde, finalmente fueron enviados a juicio oral y condenados en 2010 a prisión perpetua por “homicidio calificado criminis causa”.

El fallo fue confirmado por el Superior Tribunal de Justicia de Misiones, pero actualmente la Corte Nacional está analizando la condena a pedido de la defensa de Cristina, ahora acompañada por la APP.

En su presentación, la agrupación destacó “la falta de imparcialidad de los jueces que impusieron la condena, entre ellos la presidenta del tribunal, Marcela Leiva, quien se había desempeñado como secretaria del juzgado donde se desarrolló gran parte de la instrucción del caso”.

También afirmaron que “Cristina Vázquez se encontraba la noche del hecho a ocho kilómetros del lugar, por lo que ninguna prueba científica ni testimonial directa pudo comprobar su participación en el delito”.

En el escrito, también se destaca “la ausencia de perspectiva de género” para analizar el caso y que se la condenó “en base a rumores e indicios, haciendo un juicio moral sobre el modo de vida de la joven y de los testigos que afirman haber estado con ella”.

Por ejemplo, se le endilga a Cristina, presa en el penal de mujeres de Posadas, “tener un estilo de vida promiscuo y marginal”, ser “adicta a la marihuana” y robar “para obtener dinero para estupefacientes”, pese a que no tiene antecedentes penales.

Es decir, se construyó “una imagen negativa de la imputada, haciéndola quedar como una joven desinteresada, sumida en el mundo de las drogas y sin familia presente”, subrayó Guereño, para quien la joven sólo fue condenada por ser “mujer y pobre”.

Otros aspectos que se destacan son que en el propio fallo se reconoce que no hay “prueba directa” contra los sospechosos, ni se pudo dilucidar qué rol tuvo cada uno en el hecho, es decir quien mató, quien robó, etc.

Sobre la hora de la muerte de la víctima, se calcula aproximadamente entre la 1 y 2 de la madrugada del 28 de julio, luego de dos o tres horas de agonía, según estableció la autopsia.

Vázquez asegura que el día anterior por la tarde se había ido con su amiga Celeste García a la vecina localidad de Garupá, que pasaron por la puerta de la casa de la anciana, y regresó recién el 29, tras concurrir a un boliche.

Tanto su amiga como el padre de ésta, Pedro Oyhanarte, corroboraron que estuvo con ellos en el hogar de niños Belén, pero sus testimonios fueron considerados falsos.

En cambio, como una testigo declaró en la instrucción, y no en el juicio, que las joyas robadas le habían sido ofrecidas por Jara y se siguió la hipótesis de que la víctima conocía a su agresor, Vázquez comenzó a ser sindicada como sospechosa, dado que era vecina de la anciana y conocida de Rojas.

En tanto, en la presentación ante la Corte se destacó que la última persona que fue vista en la casa de la víctima fue un electricista que, según el testimonio de un vecino, se retiró “raudamente” a las 21.20, pero no se lo investigó.

Tampoco se abrieron otras líneas de investigación en relación a familiares o conocidos de la víctima.

Preparan documental

Dos amigas de Cristina Vázquez, presa desde hace siete años por un crimen que dice que no cometió, están preparando un documental para contar su historia, el cual esperan estrenar en breve.

“La idea es visibilizar el caso, generar cierto interés, que pueda haber una respuesta”, dijo a Télam Magda Hernández, que trabaja con la productora independiente Mitaí Film y espera el apoyo del Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales (INCAA).

La documentalista entrevistó a Cristina en el Instituto Correccional de Mujeres de Posadas, donde se encuentra detenida bajo un régimen riguroso, a sus padres, sus amigas, abogados y peritos que intervinieron en el caso.

“Y la defensora agarra y me dice ‘mirá Cristina, yo te voy a decir una cosa, acá vas a estar tres o cuatro meses’. Pero si yo no hice nada. ‘Bueno, pero alguien se tiene que hacer cargo del muerto'”, narra la joven en la película.

Luego recuerda que cuando pronunció las “últimas palabras”, en el juicio oral, le dijo a la presidenta del tribunal que ella no había sido, que era inocente. “Le dije que a mi, desde los 19 años, me detenían, me sacaban. Yo no tuve juventud, pero yo tenía la esperanza hasta el final”, dice emocionada la joven.

El padre de Cristina, José Vázquez, hace hincapié en que “el informe policial dice que las huellas levantadas en ese lugar (el del crimen) no coinciden con los tres imputados”, pese a lo cual los condenaron a la pena máxima.

Por su parte, Celeste García, asegura que la noche del crimen Vázquez estuvo con ella, “lejos del lugar donde ocurrió eso”, en relación al homicidio.

“Entonces, en todo esto tengo la absoluta seguridad de que ella no estuvo en ese momento, fueron chivos expiatorios y lo siguieron hasta el final porque a alguien había que echarle la culpa”, concluye, ya que los tres condenados siguen en prisión.

Un caso similar sobre el que se realizó un documental es el de Fernando Carrera (37), actualmente condenado a 15 años de prisión por la llamada “Masacre de Pompeya”, pero en libertad.

 

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